Monasterio de Rila. Bulgaria

Una de las excursiones que hicimos fue al monasterio de Rila; está a unos 120 km de Sofía, entre montañas, y realmente merece la pena la visita.

La opción que nosotros elegimos fue con Civitatis de nuevo; el tour compendia el monasterio y a la iglesia de Boyana.  

Camino a Rila.

Nos recogieron en un punto céntrico de Sofía y fuimos en autobús hasta el monasterio directos.
Circulando, vimos más extensamente la ciudad de Sofía, los barrios periféricos sobre todo, que en su día se construyeron para la población que se trasladó del medio rural a la ciudad atraídos por la prosperidad comunista.
Me llamó mucho la atención los edificios de pisos altos; son construcciones de la época comunista, altos pero ya muy viejos, y según nos dijo la guía, muy anticuados por dentro.
Eso sí, dieron vivienda a todo el que se trasladó a Sofía para iniciar la industria y una nueva vida. Según nos contó ella, que vivía en uno de esos edificios, eran pequeños, con las comodidades básicas y muy poco insonorizados.
Y como podéis ver, casi todos con la misma estética.

Nos adentramos en las montañas hacia el monasterio y se veían pueblos pequeños, con casas cómodas pero sin grandes construcciones y prácticamente de muy poca altura. 
El guía en el bus iba explicando cosas, pero en inglés, y mi nivel es nulo, con lo cual no me enteré de la historia que explicaba.

Monasterio de Rila.

Escondido entre los bosques espesos y montañas majestuosas del macizo de Rila, el Monasterio de San Juan de Rila —o simplemente Monasterio de Rila— se levanta como el símbolo más profundo de la identidad búlgara.
Su silueta de murallas robustas, arcadas de madera pintadas en blanco y negro, cúpulas brillantes y frescos vibrantes parece suspendida entre la historia y la eternidad.
Cuando llegamos al monasterio, sí que se nos asignó una guía que hablaba español, y que nos fue relatando la historia del monasterio a lo largo del tiempo. 
La entrada es a un amplio patio, muy decorado y con varias edificaciones.

Es un monasterio ortodoxo, uno de los lugares más reconocidos y emblemáticos de Bulgaria.

Un poco de historia.

Fundado en el siglo X por San Juan de Rila, conocido como Iván Rilski, un ermitaño venerado por su humildad y su vida ascética, el

 monasterio surgió inicialmente como un pequeño refugio espiritual. Con el tiempo, se convirtió en un centro religioso y cultural que sobrevivió al paso de imperios, invasiones y crisis nacionales.

Durante el Primer y Segundo Imperio Búlgaro, fue un importante foco de espiritualidad ortodoxa.
En la época otomana (siglos XIV–XIX), el monasterio se transformó en un bastión de la cultura búlgara, preservando la identidad nacional.

En el siglo XIX, durante el Renacimiento Nacional Búlgaro, fue restaurado y ampliado.  Y en 1983 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Arquitectura.

Arquitectónicamente es un tesoro del Renacimiento búlgaro; en ella se mezclan fortaleza y arte.

Principales elementos:

  • El patio central, rodeado por edificios residenciales con arcadas rítmicas blancas y negras.

  • La iglesia principal, “Natividad de la Virgen”, con sus cinco cúpulas doradas y frescos espectaculares que narran escenas bíblicas con colores vivos y un estilo típicamente búlgaro. No permiten hacer fotos en el interior.

  • La Torre de Hrelio (siglo XIV), la parte más antigua del monasterio, una torre medieval que recuerda los tiempos turbulentos y contiene una campana que daba avisos ante invasiones.

  • Las celdas monásticas, los corredores de madera tallada y los patios internos, que transmiten serenidad.

  • El museo, que guarda reliquias, manuscritos, iconos y la célebre Cruz de Rafael, una pieza tallada a mano con más de 600 figuras diminutas.

  • la tumba de Boris III

La combinación de elementos defensivos con una refinada estética religiosa crea una atmósfera de solemnidad y belleza difícil de igualar.

Una vez terminada la visita, sales por la parte posterior, la llamada puerta Samokov, a una zona que tiene varios restaurantes y lugares donde sirven comida, y allí probamos la famosa torta mekitsi, que son blandas y azucaradas.

Una vez terminada la comida, nos fuimos en el bus hasta la iglesia Boyana, para ver su arquitectura y sus frescos.

 

La Igelsia Boyana.-

La iglesia de Boyana, situada en un barrio arbolado a las afueras de Sofía, es uno de los tesoros medievales más valiosos de Bulgaria y Patrimonio de la Humanidad.
Su historia se desarrolla en tres etapas constructivas: una capilla del siglo X, una ampliación del siglo XIII impulsada por el sebastocrátor Kaloyan y su esposa Desislava, y una tercera fase del siglo XIX que completó el conjunto.

Arquitectónicamente, el edificio combina el estilo bizantino con elementos típicos de la tradición local: muros de piedra y ladrillo dispuestos en patrones ornamentales, pequeñas proporciones y un interior íntimo que resalta el valor de sus frescos.
Pero su mayor joya son precisamente esos frescos de 1259, considerados precursores del Renacimiento europeo por su sorprendente naturalismo y la expresividad de los rostros.

En cuanto al simbolismo búlgaro, la iglesia muestra una profunda conexión con la identidad nacional medieval: retratos de los donantes vestidos con trajes cortesanos búlgaros, escenas que exaltan santos protectores del país y representaciones de reyes como San Iván de Rila, figura espiritual clave.
Todo el conjunto transmite la unión entre fe ortodoxa, poder político y cultura local, convirtiendo a Boyana en un testimonio vivo del espíritu búlgaro.